Los cambios de vida y de modelos familiares de los últimos años han tenido un efecto inesperado en el modelo tradicional de la distribución de las comidas. Pero especialmente afectan al hábito del desayuno, la primera comida del día, que es uno de los aspectos más preocupantes. "Las transformaciones producidas en la sociedad, los nuevos ritmos de vida y, en definitiva, la falta de tiempo, han dado lugar a una tendencia progresivamente mayor a realizar desayunos cada vez más ligeros o incluso omitirlos", explica Celia de la Fuente, de la Sociedad Española de Nutrición (SEN). Es un hábito que debe cambiar la población en general, pero sobre todo la infantil. Tal como explica el SEN, cada vez resulta más importante el desayuno debido a la progresiva tendencia a aligerar las cenas, dando lugar a una distribución horaria de las comidas, a veces con repercusiones negativas en el estado nutricional y, por tanto, potencialmente en la salud. Yhay más: parece que los especialistas han detectado que incluso entre quienes desayunan, lo ingerido habitualmente es poco satisfactorio desde el punto de vista nutricional. "En la población escolar se tiende a completar esta primera comida del día con un almuerzo a media mañana a base de frutas, leche y derivados o cereales y derivados, y en el caso de no realizarse esta ingesta el aporte energético se reparte entre el desayuno y la comida", indica el estudio Guía de comedores escolares publicado por el SEN. Lo que está claro es que se debe desayunar a diario, que el desayuno debe variar también a diario y que debe ser completo, lo que significa que tiene que aportar entre el20% y el25% de las necesidades de energía diarias e incluir al menos cuatro grupos de alimentos distintos. La importancia del desayuno para la mejora del estado nutricional y su papel en el rendimiento académico está más que demostrado, del mismo modo que hay estudios que relacionan directamente la obesidad en la población infantil con la omisión de este ágape y un reparto desfavorable de la energía durante el día: los obesos suelen no desayunar y cenan más.
Pilar Gómez-Nicolau, jefa de estudios de la etapa infantil de la escuela Infant Jesus, explica que "evidentemente la franja de escolarización es muy ancha, así que entre los 3 y los 16 años encontraríamos resultados muy diferentes en cuanto a hábitos y realidades. A pesar de todo, en todos los casos, un buen desayuno debería contener, proporcionalmente a estas edades, pan o cereales, lácteos y fruta, que, en el momento en que los niños son un poco mayores ycomena las dos, podrían ser repartidos entre los dos desayunos que, idealmente, el alumno debería realizar desde que se levanta hasta la hora de la comida. Uno, el de casa y otro, más discreto en el caso de los pequeños, a media mañana cuando salen al patio. Nosotros recomendamos un pequeño bocadillo, unas galletas…, pero no bollería, ni zumos, ni lácteos…".
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