O con kilos de más o con kilos de menos. Ese es el escenario en el que se desenvuelve la infancia española y que, a juicio de los expertos, proseguirá en los próximos años. Hay quienes, incluso, vaticinan que los niños con un peso normal serán minoría en una sociedad caracterizada por los contrastes extremos. En la actualidad, y según distintos estudios, el porcentaje de menores con bajo peso supera ya el 10% del total, igualando al de obesos, mientras los que presentan sobrepeso alcanzan el 20%.
El gran problema al que se enfrenta la sociedad es que parar esta tendencia y revertir el fenómeno precisa de tiempo, "mucho tiempo, porque las soluciones no vienen del ámbito sanitario. Hay que cambiar los valores y los estilos de vida actuales", señala el doctor Rafael Casas, director y coordinador nacional del programa Thao-Salud Infantil, especializado en la prevención de la obesidad infantil.
Pero, ¿qué ha ocurrido para que los niños españoles se sitúen en los puestos mundiales más altos en lo que se refiere a sobrepeso y obesidad y que el porcentaje de niños con bajo peso se haya casi triplicado en una década? Los científicos buscan respuestas dentro del ámbito de la medicina, pero aún así, admiten que "la respuesta sólo puede estar en el modelo de sociedad", señalan Federico Soriguer, del servicio de Endocrinología del hospital Carlos Haya de Málaga; Gabriel Olveira, miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas (Ciberdem) y Gemma Rojo, del Ciber de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición, en un extenso artículo publicado sobre obesidad en la revista Redes de Investigación en Medicamentos.
Estos expertos defienden que la solución a los extremos en la alimentación hay que hallarla en la "modificación de los valores sobre los que se sustentan los modelos de sociedad", algo que evidentemente, requiere tiempo.
Porque, como asegura el doctor Casas, una buena parte de los problemas que tienen los niños con el peso en estos momentos tiene que ver con las largas jornadas de trabajo que imperan en España yque obligan a padres y madres a pasar la mayor parte del tiempo fuera de casa.
"¿Cómo puede un hombre o una mujer alimentar correctamente a sus hijos, enseñarles lo que es saludable o no y educarles en alimentación si no están con ellos en todo el día?", se pregunta el responsable del programa Thao, que hace unos días presentaba los últimos datos sobre sobrepeso y obesidad infantil y que apuntaba a que uno de cada cinco niños de entre 3 y 12 años sufre exceso de peso. El único trabajo que ha analizado el bajo peso es el Estudio Cuenca, de la Universidad de Castilla-La Mancha, entre otras cuestiones, porque ser "más delgado de lo normal" no es considerado a priori un problema de salud, algo de lo que discrepan los autores del estudio.
La realidad es tal que, en este momento, los niños que comen en el colegio están mejor alimentados que los que no lo hacen, porque hay un cuidado por parte de los centros de que la comida sea variada y equilibrada.
Esas largas jornadas laborales impiden que se pueda conciliar la vida laboral y familiar. Y los efectos se notan "en todo, incluida la salud de los niños", señala Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, que estos días celebra un congreso en Valencia precisamente para reivindicar unas jornadas laborales similares a las europeas.
Son estas largas jornadas laborales (de las más largas de Europa pero, también, de las menos productivas, según distintos estudios nacionales y europeos) las que favorecen que la mayoría de los niños desayunen de manera incorrecta, que merienden mientras ven la televisión o juegan con el ordenador y que no realicen las comidas a la misma hora. Según el doctor Casas, la falta de tiempo de padres y madres hace precisamente inviable tener unos hábitos saludables.
En estos hábitos también se incluye el tema del ejercicio físico. El Estudio Cuenca reveló que la mitad de los escolares de primaria son sedentarios, sobre todo, las niñas. De hecho, el 52% de los chicos y un 75% de las chicas presentan un nivel de forma física deficiente (escasa musculatura). El programa Thao, por su parte, revela que el gran problema de la actividad física se centra en los fines de semana: la mayoría de los niños apenas sí dedican una hora en la jornada festiva a hacer algo de ejercicio, mientras que el 43% reconoce que no hace nada, salvo pasarse tres o cuatro horas frente al ordenador y el televisor.
"Los nuevos estilos de vida han barrido del argumentario popular los juegos de calle. Los niños ya no bajan a la calle a jugar porque hay mucho tráfico o no están los padres. Ahora, lo que hacen es apuntarlos a actividades extraescolares o a un equipo deportivo, sobre todo de fútbol", señala Casas. El problema de estas nuevas fórmulas de hacer ejercicio estriba en que en el momento en que el equipo se federa lo importante es ganar y los chicos a los que no se les dé excesivamente bien ese deporte son arrinconados o expulsados. "Es decir, los valores que priman son la competitividad y el éxito, y el placer de jugar queda relegado a un segundo plano", señala el doctor Casas.
De la opinión de estos expertos se puede extraer que el problema de infra o sobrepeso de los niños tiene sus orígenes en el estilo de vida actual y los valores imperantes, cuestiones ambas muy complicadas de modificar y que requerirán su tiempo. "Hay razones para pensar que no es posible solucionarlo a medio plazo, entre otras cuestiones porque los obesos de las próximas generaciones se están hoy construyendo delante de las televisiones y videojuegos de millones de hogares", señalan con rotundidad los doctores Soriguer, Olveira y Rojo.
El programa Thao lleva años trabajando precisamente para modificar estos hábitos de vida, y con ellos, los hábitos alimenticios. Así trabajan directamente con los padres para concienciarles de la necesidad de realizar al menos una de las comidas juntos alrededor de una mesa, planificar actividades físicas en familia el fin de semana, enseñar a los chavales juegos tradicionales que siempre invitan al movimiento y, sobre todo, a "tomarse las cosas con tranquilidad porque, así todo es mucho más fácil", señala el doctor Casas.
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